ENTRETENIMIENTO

Tener un mal día

Puebla, México Todos tenemos derecho a enojarnos por tener un mal día. Despierto por la mañana, abro…

Puebla, México

Todos tenemos derecho a enojarnos por tener un mal día.

Despierto por la mañana, abro mis redes sociales y lo primero que veo, son cientos de publicaciones recordándome que el día es increíble y maravilloso, que la vida me está esperando con los brazos abiertos y que soy el autor de mi propia felicidad. Entonces por añadidura supongo que mi día será perfecto.

Pasan las horas y todo va muy raro, iniciando porque desperté un poco tarde, mi alarma no sonó como de costumbre, no tenía gas y tuve que ducharme con agua fría en pleno invierno. Salí volando hacía el trabajo, y para colmo, me tocaron todos los altos, se me cerraron dos autos con los cuales casi choco y dejé mi cargador del celular en la casa. En fin, intenté poner buena cara, y por si fuera poco, mi jefe me recibió con una actitud del demonio, activando en mí, una bomba de cólera.

Volví a entrar a mis redes y de pronto me bañó una lluvia de positivismo desmesurado, todos teniendo las palabras y frases correctas para hacerme ver que era el único que no estaba provocando un día perfecto. ¿Será que soy un ente tóxico y causante de mis episodios negativos?

El día siguió avanzando…mi perro enfermó, un amigo se enojó conmigo por un mal entendido y entre tantas cosas, el encargado de llevarme el gas, no pudo venir hoy a casa y tuve que cocinar en microondas algo congelado que sobrevivió gracias al refrigerador, fue realmente un resultado asqueroso. Tan asqueroso como las horas posteriores que acabaron por desgastar mi día.

Cabe resaltar que, por la tarde, una amiga cercana me llamó por teléfono y escuchó mi situación, a la cual me dijo, “échale ganas” seguramente aprendiste algo, tienes que ser positivo, estas vivo y eso es lo que importa. Honestamente un consejo que agradecí, pero no me sirvió de nada.

Así, totalmente frustrado y echo pomada, me metí a la cama queriendo no saber nada de nada y ni de nadie.

Acostado y con los ojos aún muy abiertos, dejé pasar el tiempo para que los minutos tejieran diferentes versiones sobre lo que estaba experimentando. Fue así como decidí reconocer que mío día había sido realmente malo y posteriormente preguntarme lo siguiente: ¿por qué no debo enojarme si cuento con esa capacidad? Por qué debo disfrazar mis sentimientos y engañarme con una falsa conciencia, Si lo que siento ahorita, justo en este momento es coraje y enojo. Así como mucha gente se molesta y escupe mil cosas, yo también tengo derecho a enojarme, a ser irracional y hasta un poco incongruente.

¿Pero, Por qué te enojas? ¿Cómo que por qué? porque soy humano, no soy Buda o Dalai Lama, nací para ser un ser humano, no un “ente” iluminado sin capacidad de reaccionar ante el miedo o el conflicto. Si, estoy enojado y no tiene nada de malo, no he herido a nadie, simplemente mi actitud no está para visitas, y también está bien.

Tengo derecho a enojarme y a hacer mi berrinche, efectivamente mi personalidad incluye sentimientos, pero no solo positivos también negativos. Si muestro lo que siento es justamente porque soy humano como cualquier otro. Yo sé que leo, estudio, medito, me conecto conmigo, pero también, sudo, voy al baño y cuando me veo en el espejo no siempre me gusto y me juzgo. Como cualquier persona, hay momentos donde me siento vulnerable e inseguro. Reconocer mi oscuridad en medio de un mundo aparentemente perfecto y de tanto ser de luz, me hace un valiente emocional.

Dejemos de navegar con una bandera donde tenemos que sonreír todos los días, donde forzosamente tengamos que despertar con una sonrisa que dure todo el día. Dejemos de normalizar el vivir sin conflicto, el conflicto también es.

Rodrigo Balderas