CRÓNICA DE UN SEPELIO

15 julio, 2020

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Tamaulipas, México

Las inhumaciones para personas fallecidas por COVID-19, son una realidad y la forma en que se llevan a cabo es muy distinta a los sepelios regulares.

3:44 Una excavadora llega al panteón municipal de la Santa Cruz, se coloca en un área donde espera una fosa de tres metros de profundidad; la conduce un hombre que porta el uniforme utilizado para el rescate funerario de personas que padecieron COVID-19.

Dos minutos más tarde, el hombre de la excavadora prepara la tierra que, en unos momentos cumpliría el objetivo de cubrir la última morada de una víctima mortal de coronavirus.

A las 4:23 de la tarde, se acerca una carroza fúnebre; de la misma, bajan dos hombres, ambos con el traje de rescate.

Casi al instante, algunos miembros de la familia del fallecido se acercan a la carroza; su única medida de seguridad es el cubrebocas que llevan puesto. Tratan algunas palabras y a las 4:26, ayudan a los trabajadores a bajar el cuerpo; para entonces, solo uno de ellos lleva puesto el uniforme.

Inmediatamente, ingresan el ataúd en la tumba, la familia se retira unos pasos para permitir al hombre de la excavadora cubrir la fosa con tierra. Termina en minuto y medio.

Desde el momento en que, el fallecido es bajado de la carroza hasta su entierro, pasan solamente cuatro minutos, siendo el tiempo estimado que deberán durar los sepelios para personas que padecieron COVID-19. No obstante, aunque se cumplió con los tiempos, no fue así con las medidas de seguridad implementadas para las inhumaciones de ese tipo.