DEPORTES

Seis golazos en un grandísimo espectáculo

Puebla, México Aunque a muchos técnicos se les olvida, o su arrogancia no les permite reconocerlo, el…

Puebla, México

Aunque a muchos técnicos se les olvida, o su arrogancia no les permite reconocerlo, el fútbol es un evento hecho para que la afición disfrute. Antes de ser una ciencia o un complicado juego de ajedrez, es un espectáculo. Como ir al cine, al teatro o a un concierto.

La gente no paga un boleto para ver a un entrenador divagando en su cabeza con complejas ideas existencialistas, en torno al fútbol. El fútbol debe ser mucho más sencillo. Paga para ver goles y para desestresarse. Va a un estadio o prende un televisor, para contagiarse de la energía y alegría que debe emanar una cancha, con 22 jugadores agradecidos con la vida, por poder vivir del fútbol. Un apasionante pasatiempo que muchos practican por pura diversión, aunque les cueste.

El 3-3 entre Puebla y Querétaro, fue un espectáculo extraordinario para la afición. Más allá de estrategias, estilos, tácticas, formaciones, parados y análisis desde la banca. La afición que pudo disfrutar este partido, se subió a una montaña rusa de emociones, que al menos la hizo explotar de alegría tres veces, con tres golazos de su equipo. Sin importar a cuál de los dos apoyabas.

El partido fue un concierto de golazos. Desde el primero de Osvaldito, hasta el último de Tabó, que significó el empate a tres. Puebla no jugó tácticamente bien. Su proyecto que lleva una relativa continuidad de cinco torneos, desde que Reynoso llegó con Meza, estaba siendo noqueado por un equipo armado al vapor, dirigido por un novato y con jugadores de equipo de ascenso, que le entraron al quite, tras una venta y un desmantelamiento.

Pero mas allá de la ciencia trabajada desde el vestidor, los jugadores camoteros recurrieron a algo más básico. El orgullo personal, las ganas de ganar y la alegría de jugar al fútbol, sin tantos límites, ni exageradas ataduras tácticas. El resultado, fue un partido que no se olvida. Un espectáculo que se agradece. En el que sólo te queda aplaudir espontáneamente, sin importar quien ganó.

En el deporte, lo ideal siempre es ganar, pero cuando eres un equipo modesto en nómina, como Gallos o Enfranjados, que difícilmente gana y arrasa, al menos debes darle algo a tu afición, después de cada juego. Que no se vaya con las manos vacías y el estómago hirviendo. Algo de que sentirse orgulloso, más allá del resultado. Algo que los haga recordar, porque el fútbol es para muchos, el deporte más apasionante del mundo.

En una jornada de clásicos, dos equipos de media tabla se robaron el show con un fútbol que simplemente, nos hizo disfrutar, con el corazón al máximo.

Luis Tamariz