DEPORTES

Se cumplen 30 años de la leyenda del Campeonísimo

Puebla, México Pareciera que el 26 de mayo, es la fecha que el mundo del fútbol, escogió…

Puebla, México

Pareciera que el 26 de mayo, es la fecha que el mundo del fútbol, escogió para darle historia al Club Puebla y regalarle a su afición motivos para festejar.

Hoy se cumplen 30 años de la noche en que la Franja logró inmortalizar los nombres de los futbolistas que integraron al mejor plantel camotero de la historia. Aquel del espectáculo y los golazos. El de los héroes que se mataban en la cancha, mientras derrochaban también, talento de sobra. El que abonó miles de aficionados a ese escudo blanquiazul. El que metió al Club Puebla, en el selecto grupo de los Campeonísimos, de los que ganan todo lo que hay disponible en la mesa.

El del portero volador, el del poblano y los chilenos que enamoraron a la afición. El de los Arturos y los Manueles. El de ‘somos muchos más que 11’. El de la franja en el pecho.

El del equipo que no dependía de los recuerdos, ni de una buena mercadotecnia para ser alguien.

Era 26 de mayo de 1990. Habían pasado 7 años de la última vez que los poblanos vieron a su equipo conseguir un título de liga. El estadio Cuauhtémoc estaba a reventar. El ambiente era el de un manicomio lleno de locos, pero locos de euforia y de felicidad. La noche estaba reservada para ser inolvidable. El Puebla perdía dos por cero y había recibido un autogol de su hombre garra, pero eso solo era drama planeado en el guión de esta película. El Puebla sería campeón a su estilo; con lucha, con sacrificio, con garra y, además, con espectáculo, golazos y buen fútbol. Lo tenían todo.

Hoy se cumplen 30 años de esa noche que nadie pudo olvidar y que solo se pudo igualar en emoción, euforia y felicidad, con otra final, 17 años después, curiosamente también, en un 26 de mayo.

Las circunstancias eran otras. Puebla no era de primera y entre sus filas estaban futbolistas jóvenes y aún desconocidos y veteranos que buscaban su segundo aire. La lucha no era por ser el mejor de la liga mexicana, sino por ascender y regresar al cuadro camotero, a esa liga que alguna vez había conquistado con toda autoridad.

Era 26 de mayo de 2007. Habían pasado 17 años de la última vez que los camoteros celebraron algo importante, el último título de liga en 1990. El estadio Cuauhtémoc estaba a reventar. El ambiente era el de un manicomio lleno de locos. Pero locos de euforia y de felicidad. El día estaba reservado para ser inolvidable. El Puebla derrotaba a Dorados, siendo campeón de Ascenso, con el sello de la casa. Lucha, sacrificio, garra, pero, además, con espectáculo y buen fútbol. Muy parecido a aquellos héroes de los 90’s.

13 años han pasado ya, de aquel mayo 26.

Luis Tamariz