Respetaron su identidad y jugaron la Final

15 diciembre, 2020

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Puebla, México

Cada club deportivo tiene una identidad que se ha ido formando con los años. Esa identidad la van creando jugadores, directivos y entrenadores importantes, que dejan un legado, y aficionados que adoptan ese legado, lo hacen suyo y lo conservan. Porque los jugadores y entrenadores se van, pero los aficionados de la ciudad no. Ellos saben que cualidades de un equipo los enamoraron y esas, son las cualidades que buscarán siempre.

La mayoría de las veces, esas cualidades son valores y estilos de juego que rindieron frutos y dejaron huella o títulos.

En el fútbol mexicano, los torneos cortos, han ido acabando con la identidad de muchos clubes. Porque la prontitud con la que deben dar resultados y el poco tiempo para trabajar, corta proyectos. Los clubes despiden a entrenadores a medio proceso y contratan a otros, que no necesariamente empatan con la identidad del equipo, pero que prometen resultados a corto plazo, para salir de una mala racha.

Así, los clubes pasan de una filosofía a otra, como de un restaurante a otro. Cambian de técnicos jóvenes a veteranos, de ofensivos a defensivos, de extrovertidos a introvertidos o de conservadores a atrevidos, sin ningún control, hasta que el aficionado se va cansando de buscar aquello que lo enamoró.

El Guard1anes 2020 BBVA MX nos dejó un ejemplo de identidad. Pumas y León, regresaron a sus bases. Respetaron su identidad y recogieron miles de frutos. Ambriz por años, fue catalogado como un entrenador defensivo y conservador, contrario al sello característico de León, que suele ser un equipo descarado y retador que juega bien al fútbol. La directiva apostó por la gran capacidad y experiencia de Ambriz, siempre y cuando él se adaptara a la identidad del club. Siempre que él, estuviera dispuesto a retarse a sí mismo, para cambiar un poco y hacer cambiar menos a la institución. El resultado fue sensacional y hoy son un justo Campeón.

Sin quererlo, a Pumas le pasó igual. El poco presupuesto y la renuncia de su entrenador a dos días de arrancar el torneo, los obligó a trabajar con tres o cuatro elementos que tenían a la mano. Un entrenador de casa, que se apoyó en el orden, la garra, el espíritu de lucha y la unión de grupo. Sin darse cuenta quizá, recurrieron a valores que solían ser suyos.

Imaginar a las mejores versiones de Pumas, sin jóvenes que roban cámara, o sin un capitán que es todo corazón, es difícil. Este torneo capitán Vigón, fue la viva representación del guerrero de la UNAM. Y jugadores como Carlos Gutiérrez o Johan Vásquez, la clásica sangre nueva.

Luis Tamariz