No importa el destino, lo que importa es nuestra actitud en el camino.

11 septiembre, 2019

Fotografía: Ro Balderas

Puebla, México

Nos volcamos por un mundo lleno de excentricidades y glamour para sentirnos superiores y mejores que los otros. Una necesidad de aparentar y vivir en la opulencia. Una vida que nos sale muy caro y que resulta desgastante después de un tiempo.

 Deberíamos de hacer una pausa, dejar de caminar tan rápido sobre el mismo sitio y mirar hacia la derecha o izquierda, donde exista un lugar menos lejos de nuestro alcance, donde no necesitamos visa y pasaporte.

Regalémonos la oportunidad de visitar un pueblo mágico, un municipio o un pueblito por sencillo que sea. Si abrimos los ojos desde antes de llegar, puede que lo disfrutemos más que cualquier parque de diversiones. Es terapéutico y sanador, amable y accesible. Este rincón del mundo no nos dejará endrogados, pero si enamorados de la vida simple, de la que no se sufre ni se llora, de la que se comparte y se apapacha, de la que observa y se camina con calma.

Es bueno ver que hay al otro lado del charco, descubrir si Nueva York o París nos estaban esperando. Pero no olvidemos la importancia de conectar con nuestra tierra y aprovechar los colores y aromas que nos llenan de orgullo el corazón.

No importa el destino, lo que importa es nuestra actitud en el camino.

Rodrigo Balderas