LEYENDA DEL PERRO

12 mayo, 2019

Fotografía: Puebla 222Compartir Fotografía: Puebla 222

En la calle 9 poniente esquina con la 3 sur hasta hace unos ayeres se notaba en la esquina superior un perro resguardando la casona, aunque muy deteriorada el perro seguía fiel como esperando que el dueño le diera un cariño y con ello la paz para poder descansar después de muchos años siéndole fiel.

Cuenta la leyenda que el siglo XVIII llegó a Puebla Don Juan Illesca acompañado de su familia, pasó mucho tiempo para poder encontrar un lugar para vivir que fuese a su altura, pues Don Juan Illesca era un reconocido comerciante en esa época.

Pero, a pesar de su reconocimiento la Santa Inquisición una noche fue a buscarlo y detenerlo por cargos sin razón, se piensa que había llegado un comerciante más poderoso y querían deshacerse de Don Juan, uno de los cargos muy absurdos fue su poco parecido con los españoles de esa época y no bañarse diario.

Ya encerrado en los calabozos de la santa inquisición, esposa e hija quedaron solas en la casa que don Juan Illesca les había dado como hogar, una noche la esposa despertó agitada como presintiendo la presencia de alguien en su recamara, miró para todos lados, preguntó si había alguien, pero su única respuesta fue un par de ojos rojos al pie de su cama, no eran de humano, de eso estaba segura, al acoplarse más a la oscuridad notó que se trataba de un perro, intentó gritar pero no salía nada de su boca.

El perro se mantenía inmóvil como la esposa de Illesca, al cabo de unos segundos el perro hace movimientos como indicando que le siguiese, sin más opción la señora fue tras el perro como si algo la mantuviera tranquila de hacerlo, se detuvo el animal en una pared con una grieta que jamás repararon, el can comenzó a rascarla como buscando algo y sin razón la señora ayudó al perro pues cada que se rascaba más una luz intensa salía de la pared, cuando al fin el perro cumplió su objetivo de bajo de la pared se leía una tumba “A Mi Único Amigo En Vida”, la mujer comprendió que era la tumba del can, pero lo más sorprendente es que debajo de esta se hallaba una gran cantidad de monedas de oro.

A la mañana siguiente y como sorpresa de todos, se dio la noticia de que Don Juan Illesca había escapado de las manos de la Inquisición resaltó la noticia pues jamás había salido alguien con vida de tal lugar después de haber sido detenido por los inquisidores. Cuentan que después de un tiempo se les vio llegar al norte del país en una carreta jalada por mulas.

Lamentablemente el perro cayó de su lugar de guardia en el temblor del 2017, los lugareños dicen que la dueña se lo llevó y hasta la fecha no ha vuelto a su lugar, esperemos que vuelva para poder revivir esta leyenda y el perro no sea olvidado jamás.

MAURICIO CERVANTES