Abraham Ancer tocó el cielo, pero ahora qué…

16 noviembre, 2020

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Puebla, México

El golf es un deporte que, al menos en nuestro país, no ha logrado tener una penetración masiva en el público, por sus características propias de juego. Se practica en campos privados y requiere una inversión considerable en equipo deportivo, ropa y membresía.

Sin embargo, durante una década, la mexicana Lorena Ochoa logró ponerlo en los ojos de muchísimos, gracias a que hizo lo que ninguna jugadora de nuestro país había podido, codearse con la élite de su deporte y robarse la posición de honor, como la número uno del mundo, durante muchísimos meses.

Este fin de semana, otro mexicano, Abraham Ancer, logró probar por un momento, esa experiencia. Tocar el cielo como lo hacía Lorena. El número 22 del mundo, hizo historia al jugar el Masters de Augusta, considerado por muchos, como el torneo más importante del golf. Ningún mexicano lo había logrado en los últimos 40 años. Pero la sorpresa no terminó ahí. Ancer demostró durante tres días, que tiene el nivel para pelearle de tú a tú al mejor del mundo. Durante 72 horas, estuvo pisándole los talones a Dustin Johnson, quien terminó como campeón. Fue líder con él. Llegó a estar 12 golpes abajo de par. Vio como muy atrás de él, iba dejando a su gran ídolo de la infancia, Tiger Woods.

Lo de Ancer ya es histórico y tiene un valor increíble. Sin embargo, este torneo será un parteaguas en su carrera, no solo porque ya tocó el cielo, sino porque también piso una nube y se cayó. Ya pudo comprobar que hay muchas cosas por mejorar, si quiere ser como Lorena Ochoa, por mucho tiempo y no por tres días.

El último día de torneo, el domingo, fue de pesadilla. Los nervios se lo comieron. Tuvo la peor ronda. Nada le salió bien y vio como los de atrás, lo iban rebasando poco a poco hasta quedar en la doceava posición. De -12 pasó a entregar tarjeta de -8 golpes. No solo no pudo mantener la posición uno, sino que no logró quedar en el top ten.

El mexicano ya demostró que su nivel, está a la altura de los mejores. Que su técnica para jugar al golf, le permiten ponerse cara a cara con el número uno del mundo, pero su fortaleza mental, aún no. Le falta esa calma que tienen los más grandes. Esa capacidad asombrosa que muy pocos poseen, para convertir los nervios que te invaden en los momentos claves de una competencia, en la energía necesaria para pisar fuerte, pero en total calma y serenidad.

Lo que pasó este fin de semana definirá a un nuevo Abraham Ancer. Recibió la motivación de saber que puede ponerse al nivel de los mejores, pero al mismo tiempo, recibió el golpe de saber que aún no está listo para vencerlos.

O se crece y da el salto que le falta para ser un campeón, o se derrumba y se queda en el jugador histórico que sí logró alcanzar su sueño, pero que no pudo ser, el ‘Lorena Ochoa’ de los hombres.

Luis Tamariz